Armando ahora es un restaurante
Nuestro famoso escalope tiene tantos adeptos que hemos abierto en su honor su propio restaurante, el Restaurante Armando. El filete empanado es el protagonista y la forma de armarlo en mesa redescubre el disfrute más canalla de nuestro Armando de toda la vida.
Quién podía pensar que de un filete empanado llegaríamos a montar un restaurante. Y eso que todo apuntaba a ello, ¿verdad? Un escalope finísimo, crujiente y dorado que se fríe por decenas en nuestros restaurantes, que llega a tener un delivery con su nombre que funciona, y muy bien, por que a quién no le apetece un filete gigante y recién hecho en casa. Pues os contaremos una cosa: en la cabeza de Nino Redruello esta idea llevaba sentada esperando su momento diez años. “La idea ya nos rondaba por la cabeza desde hacía diez años. De hecho, el local que acoge Fismuler en un principio era para abrir este concepto, pero al final optamos por cambiar el proyecto”, explica Nino a Tatiana Ferrandis, de La Razón.
Diez años después, el momento ha llegado: “Abre el primer restaurante Armando: Un espacio informal en torno al famoso escalope, por menos de 25 euros y sin reservas”, afirma María Canales, redactora de Metrópoli. Para ella, “tenía todo el sentido del mundo que el escalope más famoso de España encontrara su templo, un espacio propio donde tener todo el protagonismo y donde poder ir a disfrutarlo”. Y visto con sus palabras, reiteramos: tenía todo el sentido del mundo. Abríamos a inicios de diciembre, con un comedor para unos 40 comensales donde servir el escalope Armando en mesa vestida, por elevar la experiencia, pero también por pura necesidad, porque este escalope no viene solo, llega a la mesa con un despliegue de sabores y el trabajo impecable del personal de sala que arma, literalmente, el Armando en mesa.
El escalope es el de siempre y se puede pedir de cinco tipos: el Armando clásico (40 cm de cerdo ibérico fresco), el baby, el de pollo, el de mar (pez espada) y el vegetal (de berenjena), todos cocinados al momento, “No cambia nada, la carne la golpeamos hasta dejarla muy fina antes de empanarla y luego la freímos de forma estándar y fácil», cuenta Nino para Metrópoli. Bueno, hay una cosa que sí cambia: “El camarero puede colocar sobre el escalope unos huevos a baja temperatura con trufa, los macarrones gratinados con chorizo, queso raclette fundido, espinacas a la crema o unos boletus guisados con huevo y patata, entre otras preparaciones”, cuenta La Razón. Esos son los complementos de Armando, que el personal de sala monta sobre el escalope en la mesa del comensal. “Y, como guarnición, una ensalada de patatas y mostaza, el pisto manchego, un huevo frito con su puntilla o cebolla frita, por poner ejemplos, sin olvidarnos de las salsas, que bordan el platazo, ya sea la mayo sriracha, mostaza y ketchup casero”, continúa.
“El objetivo es construir el parque de atracciones de los escalopes, porque a partir de ellos puedes crear un plato divertido”, apunta Nino en La Razón. Un parque de atracciones que tiene su atracción fuerte, esa para la que harías una cola inmensa. Y que se adereza con otras más clásicas e igualmente queridas como la tortilla velazqueña, la ensaladilla, las croquetas de jamón, las superalitas. “Y, para ese día que le apetece probar otro manjar delicioso y gocho, suya es la Sanjacoba Burger, que es un entre panes con un armando relleno de queso cheddar y salsa Mac con bacon crispy, y un brutal bocata de albóndigas de cerdo y queso fundido”, como bien apunta la periodista Tatiana Ferrandis, porque esos días los tenemos todos.
En el postre uno se sube a la atracción final: “El helado, que en todos sitios hace de acompañamiento, aquí es el protagonista y se le pueden añadir creaciones (hasta seis) como la torrija caramelizada, el lemon pie con jengibre escarchado y hierbabuena, la crema vaqueira con ricotta, miel y piñones fritos, el flan chino con jalea de naranja y kumquat o el Drácula, con fresas aliñadas, pimienta rosa y Coca-Cola”, cuenta María Canales. «Es un homenaje a la infancia, al juego y a ese final dulce que nunca se olvida. Son postres rápidos y divertidos», justifica Nino.
Quizá esto suene un poco a diner americano, “pero sin las americanadas”, como dice Nino. Mesas que recuerdan a ese concepto de restaurante pero puestas con gusto, acogedoras, porque por muy rockeros que queramos ser con esos macarrones con chorizo puestos sobre el escalope, no perdemos el espíritu de casa, de lugar en el que divertirte y sentirte a gusto y acogido a la vez. Un espacio alegre e informal, sin reservas, porque queremos que vengas cuando se te antoje ese escalope.
Entre los preparativos de la inauguración, Nino confesaba: «En la familia somos unos frikis del escalope, así que abrir el restaurante sólo para este plato era algo que teníamos en mente desde hace bastantes años. Creo mucho en su magia, y siempre hemos pensado que a cuanta más gente lleváramos el filete, mejor y más felices les haría», explica para Metrópoli. Y no está nada desencaminado. ¿A quién no le hace feliz un escalope?
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